jueves, 22 de octubre de 2015

El Papa y los extraterrestres: Francisco en entrevista a periódico francés


Caroline Pigozzi, vaticanista del periódico francés Paris Match, realizó una entrevista al Papa Francisco. Traemos aquí la traducción al español de la entrevista (con la introducción de la misma Caroline) publicada originalmente en francés. En esta entrevista el Papa Francisco toca temas tan diversificados que van desde el estado actual de la Iglesia católica hasta la existencia de la vida extraterrestre.

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El Papa: «Soy consciente de que la voz de la Iglesia es a veces la voz que grita en el desierto»

Las campanas dan las doce. En menos de media hora, el Papa Francisco, que se encuentra en el Sínodo sobre la Familia en un edificio cercano, debe volver a Santa Marta, la residencia de los cardenales y altos prelados situada en el corazón del Vaticano, donde vive a la sombra de San Pedro. Es allí donde ha concertado nuestra entrevista, en su casa. Una residencia moderna, sin un estilo determinado, en donde decidió vivir nada más ser elegido, para no sentirse encerrado en el solemne y grandioso palacio apostólico. Cuatro piezas funcionales, de sobria decoración, donde no corre el riesgo de cruzarse, como él mismo dice, con hermanas de «cara avinagrada».

El severo gendarme pontificio, apostado en una garita estratégica, comprueba la identidad del equipo de «Paris Match» y hace una rápida llamada telefónica para asegurarse de que estamos inscritos en el orden del día del Santo Padre, porque aquí no se entra sin permiso. «Tutto a posto», todo en orden. Algunas distinguidas eminencias rondan por la entrada de mármol, acechando febrilmente la llegada del Sumo Pontífice, mientras que su amigo, el cardenal de Honduras Óscar Andrés Maradiaga, se aleja a pie. No he dormido en toda la noche. Desde el día anterior se rumorea que esta mañana (la del 9 de octubre), a las 11, le van a conceder el premio Nobel de la Paz al Papa. Sería una razón válida para aplazar nuestra entrevista a otro día, pero no nos van a robar este «bendito» momento tan esperado. 

El carácter indomable de Jorge Mario Bergoglio se refleja principalmente en esta libertad de decidir él mismo su agenda privada, al margen de las estructuras oficiales. ¡Es mi oportunidad! Empiezo mentalmente la cuenta atrás. Al salir del Sínodo a primera hora de la mañana, pude observar que muchos participantes ya esperaban al Santo Padre. Pero, ¡sorpresa!, en ese momento veo avanzar a lo lejos una silueta blanca. El Papa Francisco está solo, sin gendarme, sin secretario particular ni guardia suizo, y cuando entra en el silencioso vestíbulo de Santa Marta, todas las miradas se clavan en él. El elegante y discreto personal vestido de oscuro permanece a distancia, pero cuando aparece el Sumo Pontífice, aunque lo ven a diario, es como si la tierra dejara de girar. 

Lleva un expediente bajo el brazo y se dirige hacia mí sonriendo. Vamos vestidos de oscuro, como dictan las normas. Sin embargo, con Francisco, que ha querido un protocolo menos estricto, no hay que agacharse para besar el anillo papal. Nos inclinamos haciendo un ligero gesto con la cabeza. Afable, el Santo Padre pronuncia algunas palabras en francés y nos invita a seguirle a un pequeño salón que da a un jardín interior. Una pieza bañada por una luz suave, casi íntima, con algunos cuadros en las paredes, paisajes y un retrato de Juan Pablo II, una virgen de madera y una bonita mesa piamontesa del siglo XVIII. No se le escapa nada. Observa las cuatro grabadoras pasadas de moda que acabo de poner sobre la mesa, porque tengo demasiado miedo a perderme una sola palabra de esta extraordinaria entrevista, así como los objetivos que el fotógrafo ha dejado en el suelo. «Santidad, ¿empezamos por la entrevista, el regalo o las fotos?». 

Veo entonces que mira furtivamente en dirección al cuadro de Santa Teresa del Niño Jesús, la santa a la que él llama «Teresina» y a la que pide gracias con frecuencia. «Santidad, encontré este retrato en Normandía, en el convento de unas religiosas que se mudaban». Se ríe, me da las gracias calurosamente y lo deja cerca de la puerta. Después no me puedo resistir a mostrarle un reportaje de seis páginas sobre su viaje a Cuba, pues sigo impresionada por esa inolvidable misa de hace unas semanas en la plaza de la Revolución de La Habana. Tengo una multitud de preguntas. Por supuesto, ya lo había entrevistado rápidamente varias veces en su avión, al volver de Río, Tirana, Estrasburgo, Sarajevo… Pero hasta ahora no había tenido el inusual privilegio de estar sola ante él.

Podemos constatarlo en público, en Roma, durante las audiencias generales de los miércoles y durante los viajes que se transforman siempre en acontecimientos mediáticos: este Papa es carismático; el timbre de su voz es tranquilizador, reconfortante, y su forma de hablar italiano deslizando giros españoles hacen que estos raros momentos sean tan espontáneos como especiales.

Emocionados por tanta sencillez y disponibilidad, casi olvidamos que nos encontramos ante la personalidad más poderosa del mundo, como acaban de calificarlo los periodistas estadounidenses después de su reciente visita histórica a ese país. Hemos pasado con el Papa un momento tan excepcional que parece que no ha transcurrido el tiempo. Por cierto, el Papa, con exquisita delicadeza tampoco miró el reloj.

Este viernes 9 de octubre quedará grabado en mi memoria, igual que el pasado 6 de agosto, cuando el Sumo Pontífice me llamó al móvil. «Hola Caroline». Evidentemente, creí reconocer su acento, mientras me decía a mí misma que estaba soñando. En efecto, era impensable imaginar que tenía a Su Santidad en persona al otro lado del teléfono. Entonces me prometió una entrevista. Por supuesto, no me atrevía a preguntarle cuándo. Siempre hay algo de misterio en el Vaticano. Este tipo de preguntas no se le hacen al hombre más ocupado de la tierra. Desde esa mañana, mi corazón latía muy fuerte. Y un día, todo se aceleró.

El diario español ABC reprodujo en español
la entrevista de Paris Match al Papa.
-Santo Padre, ¿qué tal está?

-Bien, pero ya sabe que los viajes son muy cansados y, en este momento, con el Sínodo de los Obispos, casi no tengo tiempo.

-Precisamente acaba de volver de un largo viaje. ¿Por qué no había ido nunca a Estados Unidos?

-Los viajes que he hecho han estado motivados por reuniones relacionadas con mis anteriores cargos de maestro de novicios, provincial, rector de las facultades de Filosofía y Teología, obispo. Ninguna de estas reuniones (congresos, sínodos…) había tenido lugar en Estados Unidos, razón por la que nunca había tenido ocasión de visitar este país.

-El 18 de octubre, durante el Sínodo de la Familia, canonizará juntos al padre y la madre de Santa Teresa de Lisieux. ¿Por qué ellos?

-Louis y Zélie Martin, los padres de Santa Teresa del Niño Jesús, son una pareja de evangelizadores que durante su vida dieron testimonio de la belleza de la fe en Jesús, dentro y fuera de su casa. Es bien sabido que la familia Martin era hospitalaria, y que abría sus puertas y su corazón. Mientras que en esa época cierta ética burguesa, con la excusa del decoro, despreciaba a los pobres, ellos, junto a sus cinco hijos, consagraron tiempo, energía y dinero a ayudar a los necesitados. Son ciertamente un modelo de santidad y de vida de pareja.

-¿Por qué usted, argentino, es tan devoto de una de las santas francesas más populares?

«No me ocupo de estrategia ni de política internacional. No hay que exagerar el rol del Papa» -Es una de las santas que más nos hablan de la gracia de Dios, de cómo Dios cuida de nosotros, nos lleva de la mano y nos permite escalar fácilmente la montaña de la vida. A condición de que nos abandonemos a Él por completo, de que permitamos que Él nos «transporte». La pequeña Teresa comprendió durante su existencia qué es el amor, el amor reconciliador de Jesús, lo que entusiasma a los miembros de su Iglesia. Eso es lo que me ha enseñado Teresa de Lisieux. Me gustan también sus palabras contra el «espíritu de curiosidad» y los chismes. A menudo le pido, a ella que sencillamente se dejó sostener y transportar por la mano del Señor, que coja de mis manos un problema al que me enfrento, un asunto cuyo desenlace calculo mal, un viaje que debo afrontar. Entonces le imploro que se ocupe de él, que se encargue de él y me envíe como señal una rosa. Por otra parte, muchas veces he recibido alguna…

martes, 13 de octubre de 2015

El Papa, el sínodo y la carta de 13 cardenales

La oficina de prensa de la Santa Sede ha publicado una declaración del portavoz vaticano en relación a la supuesta carta que 13 cardenales habrían enviado al Papa manifestándole algunas perplejidades en torno a la metodología del sínodo y la composición del grupo de personas que redactarían la relación final del sínodo. 

No me detengo más en este asunto debido a que ya dediqué amplio espacio a este asunto:

A continuación la declaración íntegra publicada la mañana del martes 13 de octubre en el Vatican Information Service:
El director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, Padre Federico Lombardi SJ, ha precisado cuanto sigue a propósito de la publicación, ayer de una ‘’Carta al Papa de trece cardenales’’.

''Como sabemos al menos cuatro de los Padres Sinodales incluidos en la lista de firmantes lo han desmentido (Angelo Scola, André Vingt-Trois, Mauro Piacenza, Péter Erdő).

El cardenal Pell ha declarado que una carta que se había entregado al Papa era reservada y debía permanecer así y que lo publicado no correspondía, ni en el texto, ni en las firmas, a lo entregado.

Yo añado que, en sustancia, las dificultades expresadas en la carta se habían mencionado el lunes por la tarde en el Aula, como ya dije, si bien no tan amplia y detalladamente. Como sabemos el Secretario General y el Papa respondieron con claridad al día siguiente por la mañana.

Por lo tanto, el que ha difundido, dias después, este texto y esta lista de firmas para que se publicasen ha ocasionado un trastorno no deseado por los firmantes (al menos por algunos de los más autorizados). Es necesario, pues, no dejarse condicionar.

No hay que maravillarse de que se puedan hacer observaciones sobre la metodología del Sínodo, que es nueva. Pero una vez establecida, hay que comprometerse a seguirla de la mejor manera posible. Es lo que está sucediendo. Hay una enorme colaboración para que el camino del Sínodo proceda bien.

Se puede notar, que algunos de los “firmantes” también son Moderadores elegidos por los Círculos y que trabajan intensamente. El clima general de la Asamblea es, sin lugar a dudas, positivo.

El cardenal Napier, por su parte, me ha pedido expresamente que desmintiera cuanto se ha publicado en una entrevista suya (Crux) donde hay una afirmación que no corresponde absolutamente a lo que piensa. Se trata de la siguiente:

“A propósito de la composición de la ‘’Comisión de los 10” para el texto final se ha escrito erróneamente: ‘’…Napier said, adding that he would actually challenge ‘’Pope Francis’ right to choose that’’. El cardenal Napier me ha dicho que lo corriera afirmando precisamente lo contrario, es decir: ‘’…no one challenges Pope Francis’ right to choose that’’.

No tengo que añadir nada más''.