viernes, 29 de mayo de 2015

El jet privado del Papa (según el presidente turco)

En noviembre de 2014 el Papa Francisco visitó Turquía, un país mayoritariamente musulmán. El presidente Erdogan le recibió con honores y el Papa agradeció la acogida ponderando ante los periodistas, durante el vuelo de regreso a Roma, lo mucho que hacía el gobierno turco por cuanto toca a la acogida de los desplazados por causas del terrorismo de cariz islámico. Las relaciones, sin embargo, se desgastaron cuando el Papa Francisco celebró la misa en abril de 2015 en ocasión del 100 aniversario del genocidio armenio. Durante la misa no dudo en llamar precisamente «genocidio» a lo que genocidio fue. Y como los turcos fueron los perpetradores y no lo reconocen como tal, el gobierno turco alzó la voz, mandó llamar al nuncio del Papa en Turquía y pobló la prensa con declaraciones descalificatorias contra el Papa Francisco.

En junio de 2015 hay elecciones políticas en Turquía y, como en otros muchas democracias del mundo, los políticos están bajo la lupa de la prensa. Gracias a esa lupa ha salido a relucir que el gobierno del presidente Erdogan ha financiado o quiere financiar un jet privado y un cohce de lujo para el responsable de la oficina de asuntos religiosos turco (técnicamente llamada Diyanet), Mehmet Görmez. Esa oficina tiene una importancia especial en el bloque de ministerios del gobierno, tal vez como en ningún otro país del mundo. Como la sociedad se le ha echado encima, Erdogan ha querido justificar el hecho diciendo que también el Papa posee un jet privado para sus viajes.

La afirmación de un presidente en torno a algo absolutamente falso (el Papa suele viajar en líneas aéreas que le facilitan el transporte… lo hacen gratuitamente pero es comprensible: ganan visibilidad que en términos de marketing se traduce en publicidad. En la mayoría de los casos, cuando el Papa sale de Italia, vuela en Alitalia, por ejemplo, pero no tiene jet ni tampoco helicóptero privado) denota mucho más que cierta irresponsabilidad. En la declaración parece merodear un intento de ampararse bajo la autoridad moral de alguien que sí la posee para justificar lo que de otro modo no quedaría justificado ante la opinión pública. Contrastantemente no fue el mismo principio que rigió en el tema del genocidio armenio.