lunes, 19 de enero de 2015

¿Por qué sufren los niños? Las respuestas de Papa Francisco y Benedicto XVI


¿Por qué sufren los niños? Esa ha sido la pregunta planteada al Papa Francisco por una niña filipina durante un encuentro con jóvenes en Manilas (una pregunta que, como hemos evidenciado en otro blog, dejó conmocionados a todos, Papa incluido). Esa es la pregunta que le hizo otra niña asiática, en este caso de Japón (Elena), a Benedicto XVI en 2011. ¿Qué respondió uno y otro pontífice?

Benedicto XVI dijo:
También yo me pregunto: ¿por qué es así? ¿Por qué tenéis que sufrir tanto, mientras otros viven cómodamente? Y no tenemos respuesta, pero sabemos que Jesús ha sufrido como vosotros, inocentes, que Dios verdadero se muestra en Jesús, está a vuestro lado. Esto me parece muy importante, aunque no tengamos respuestas, aunque permanezca la tristeza: Dios está a vuestro lado, y tenéis que estar seguros de que esto os ayudará. Y un día podremos comprender por qué ha sucedido esto. En este momento me parece importante que sepáis que "Dios me ama", aunque parezca que no me conoce. No, me ama, está a mi lado, y tenéis que estar seguros de que en el mundo, en el universo, hay muchas personas que están a vuestro lado, que piensan en vosotros, que hacen todo lo que pueden por vosotros, para ayudaros. Y ser conscientes de que, un día, yo comprenderé que este sufrimiento no era algo vacío, no era inútil, sino que detrás del sufrimiento hay un proyecto bueno, un proyecto de amor. No es una casualidad. Siéntete segura. Estamos a tu lado, al lado de todos los niños japoneses que sufren, queremos ayudaros con la oración, con nuestros actos, y debéis estar seguros de que Dios os ayuda. Y de este modo rezamos juntos para que os llegue la luz cuanto antes.
Y el Papa Francisco, cuatro años después respondió:
[…] el núcleo de la pregunta casi no tiene respuesta. Solamente cuando somos capaces de llorar sobre las cosas que tú viviste, podemos entender algo y responder algo. La gran pregunta para todos: «¿Por qué sufren los niños?, ¿por qué sufren los niños?» Recién cuando el corazón alcanza a hacerse la pregunta y a llorar, podemos entender algo.  
Existe una compasión mundana que no nos sirve para nada. […] Una compasión que, a lo más, nos lleva a meter la mano en el bolsillo y a dar una moneda. Si Cristo hubiera tenido esa compasión, hubiera pasado, curado a tres o cuatro y se hubiera vuelto al Padre. Solamente cuando Cristo lloró y fue capaz de llorar, entendió nuestros dramas.  
Queridos chicos y chicas, al mundo de hoy le falta llorar. Lloran los marginados, lloran aquellos que son dejados de lado, lloran los despreciados, pero, aquellos que llevamos una vida más o menos sin necesidades, no sabemos llorar.  
Ciertas realidades de la vida se ven solamente con los ojos limpios por las lágrimas. Los invito a que cada uno se pregunte: «¿Yo aprendí a llorar? ¿Yo aprendí a llorar cuando veo un niño con hambre, un niño drogado en la calle, un niño que no tiene casa, un niño abandonado, un niño abusado, un niño usado por una sociedad como esclavo?». ¿O mi llanto es el llanto caprichoso de aquel que llora porque le gustaría tener algo más?  
[…] Esto es lo primero que yo quisiera decirles: aprendamos a llorar, como ella nos enseñó hoy. No olvidemos este testimonio. La gran pregunta: ¿Por qué sufren los niños?, la hizo llorando; y la gran respuesta que podemos hacer todos nosotros es aprender a llorar.
Jesús, en el Evangelio, lloró. Lloró por el amigo muerto. Lloró en su corazón por esa familia que había perdido a su hija. Lloró en su corazón cuando vio a esa pobre madre viuda que llevaba a enterrar a su hijo. Se conmovió y lloró en su corazón cuando vio a la multitud como ovejas sin pastor. Si ustedes no aprenden a llorar, no son un buen cristiano. Y éste es un desafío. […] hoy nos han planteado este desafío.  
[…] Cuando nos hagan la pregunta: «¿Por qué sufren los niños? ¿Por qué sucede esto o esto otro o esto otro de trágico en la vida?», que nuestra respuesta sea o el silencio o la palabra que nace de las lágrimas. Sean valientes. No tengan miedo a llorar.
Este post podría llamarse "la continuidad entre dos papas". En el fondo las respuestas van en la misma dirección.