domingo, 6 de julio de 2014

Papa Francisco, se lo ruego, ayúdeme... el grito desesperado que manifiesta el grado de confianza que la gente tiene en el Papa


No tengo a la mano el enlace de los resultados de la encuesta pero, en ocasión del primer aniversario de la elección del Papa Francisco, la revista Familia Cristiana (Italia) elaboró un investigación sobre la opinión pública respecto al Papa. Recuerdo que de entre los datos de relieve la mayoría de los italianos querrían que el Papa fuese o su presidente o su primer ministro... 

Traigo a colación aquello a propósito de un momento altamente emotivo captado por las cámaras de Aleteia TV: una mujer entrega al Santo Padre una carta pidiéndole ayuda para una situación difícil en un hospital donde se atiende a personas con cáncer. Sucedió el 5 de julio de 2014 durante la visita pastoral del Papa al sur de Italia, concretamente a Molise. El video refleja todo lo demás. 

jueves, 3 de julio de 2014

Después de 100 años una mujer vuelve a entrevistar a un Papa. Entrevista al Papa Francisco (con crítica "feminista" incluida)

Fue Caroline Rémy, mejor conocida bajo el pseudónimo de Séverine, quien el 31 de julio de 1892 entrevistó al Papa León XIII. Han pasado más de cien años y otra mujer -Franca Giansoldati- vuelve a entrevistar a un Papa. Caroline (periodista francesa, socialista y agnóstica) publicó la entrevista en francés en el rotativo Le Figaro del 4 de agosto del mismo año. Franca la publicó en italiano en el principal periódico romano, Il Messagero, en una fecha significativa: el 29 de julio de 2014, fiesta de san Pedro y san Pablo, patrones de la ciudad de Roma. Un detalle más: Franca ha tenido la confianza y franqueza de hacerle una crítica al Papa al tocar el tema de la mujer en la Iglesia. Aleteia.org realizó una traducción al español que es la que ofrecemos a continuación y en donde se puede leer qué respondió el Santo Padre a Giansoldati a propósito del tema de la mujer y un buen número de temáticas más. 

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La cita es en Santa Marta, por la tarde. Una rápida comprobación y un guardia suizo me hace acomodar en una pequeña salita. Seis butacas verdes de terciopelo un poco liso, una mesita de madera, un televisor de esos antiguos, con la barriga. Todo en perfecto orden, el mármol enlucido, algún cuadro. Podría ser una sala de aspecto parroquial, una donde se va para pedir un consejo o para hacer los documentos matrimoniales.

Francisco entra sonriendo: “¡Finalmente! Yo la leo y ahora la conozco”. Me pongo colorada. “Yo en cambio le conozco y ahora le escucho”. Se ríe. Se ríe a gusto el Papa, como hará otras veces en esa hora y pico de conversación sin tapujos. Roma con sus problemas de megápolis, la época de cambios que debilitan la política, la dificultad al defender el bien común; la reapropiación por parte de la Iglesia de los temas de la pobreza y de la solidaridad (“Marx no inventó nada”), el lamento ante la degradación de las periferias del alma, el resbaloso abismo moral en el que se abusa de la infancia, se tolera la mendicidad, el trabajo infantil y, no en último lugar, la explotación de las baby prostitutas de ni siquiera quince años. Y clientes que podrían ser sus abuelos; “pedófilos”: el Papa los define precisamente así. Francisco habla, explica, se interrumpe, vuelve. Pasión, dulzura, ironía. Un hilo de voz, parece acunar las palabras. Las manos acompañan el razonamiento, las entrelaza, las suelta, parecen diseñar geometrías invisibles en el aire. Está en magnífica forma a pesar de los rumores sobre su salud.

- Es hora del partido Italia-Uruguay. Santo Padre, ¿usted a quien apoya?

Ah, yo por nadie, de verdad. Prometí a la presidenta de Brasil (Dilma Roussef ndr) permanecer neutral.

- ¿Empezamos por Roma?

Pero ¿sabe que yo no conozco Roma? Piense que la Capilla Sixtina la vi por primera vez cuando tomé parte en el conclave que eligió a Benedicto XVI (2005 ndr). Ni siquiera he estado en los museos. El hecho es que como cardenal no venía mucho. Conozco Santa María la Mayor porque iba siempre allí. Y después a San Lorenzo Extramuros adonde fui para las confirmaciones cuando estaba don Giacomo Tantardini. Obviamente conozco la Piazza Navona porque siempre me alojaba en via della Scrofa, allí detrás.

- ¿Hay algo de romano en el argentino Bergoglio?

Poco y nada. Yo soy más piamontés, esas son las raíces originales de mi familia. Pero estoy empezando a sentirme romano. Quiero ir a visitar el territorio, las parroquias. Estoy descubriendo poco a poco esta ciudad. Es una metrópolis bellísima, única, con los problemas de las grandes metrópolis. Una ciudad pequeña posee una estructura casi univoca, una metrópolis, en cambio, comprende siete u ocho ciudades imaginarias superpuestas, a varios niveles. También a nivel cultural. Pienso por ejemplo en las tribus urbanas de los jóvenes. Es así en todas las metrópolis. En noviembre haremos en Barcelona un congreso dedicado precisamente a la pastoral de las metrópolis. En Argentina se han promovido intercambios con México. Se descubren muchas culturas entrecruzadas, pero no tanto a causa de las migraciones, sino porque se trata de territorios culturales transversales, hechos de pertenencias propias. Ciudades en la ciudad. La Iglesia debe saber responder también a este fenómeno.

- ¿Por qué usted, desde el principio, ha querido subrayar tanto la función del Obispo de Roma?

El primer servicio de Francisco es este: ejercer de obispo de Roma. Todos los títulos del Papa, Pastor universal, Vicario de Cristo etc, los tiene precisamente porque es Obispo de Roma. Es la elección primaria. La consecuencia del primado de Pedro. Si mañana el Papa quisiera ser obispo de Tivoli, esta claro que me echarían.

- Hace cuarenta años, con Pablo VI, el Vicariato promovió el congreso sobre los problemas de Roma. Surgió el cuadro de una ciudad en la que quien tenía mucho, tenía lo mejor, y quien tenía poco, lo peor. Hoy, en su opinión, ¿cuáles son los males de esta ciudad?

Son los de las metrópolis, como Buenos Aires. Quien aumenta los beneficios, y quien es cada vez más pobre. No sabía de ese congreso sobre los problemas de Roma. Son cuestiones muy romanas, y yo entonces tenía 38 años. Soy el primer Papa que no ha tomado parte en el Concilio y el primero que ha estudiado la teología después del Concilio y, en ese tiempo, para nosotros la gran luz era Pablo VI. Para mi la Evangelii Nuntiandi sigue siendo un documento pastoral nunca superado.